Las zeolitas (del griego zeos,hervir y lithos, piedra, piedra que hierve), pertenecen a la familia de los tectosilicatos y son aluminosilicatos cristalinos hidratados, con cavidades de dimensiones moleculares de 3 a 10 angstrom. Contienen iones grandes y moléculas de agua con libertad de movimiento, para así poder permitir el intercambio iónico. Surgen en las rocas sedimentarias
Estas zeolitas se encuentran constituidas por aluminio, silicio, hidrógeno, oxígeno, y un número variable de moléculas de agua.
Su estructura cristalina está formada por tetraedros que se reúnen dando lugar a una red tridimensional, en la que cada oxígeno es compartido por dos átomos de silicio, formando así parte de los minerales tectosilicatos.
Véase bruñir: Forma parte del barniz final que se da a las piezas en estado cuero duro para conseguir un buen brillo, se realizaría de forma "artificial" a partir de la molienda de mica sódica con una zeolita sintética del tipo FSZ (fosfato-sílice-zinc). Se puede partir para su síntesis de cenizas volantes.[1]
Como intercambio iónico: La mayor parte de los intercambios iónicos se lleva a cabo a través de la solución acuosa, por lo cual se utiliza para ablandar aguas pesadas residuales.
Como catalizador en la industria química: muy importante para muchos procesos de la petroquímica. Las zeolitas, debido a sus poros altamente cristalinos, se considera un tamiz molecular, pues sus cavidades son de dimensiones moleculares, de modo que al pasar las aguas duras, las moléculas más pequeñas se quedan y las más grandes siguen su curso, lo cual permite que salga un líquido más limpio, blando y cristalino.
Existen varios tipos de zeolita natural, que surgen en las rocas sedimentarias y que se encuentran constituidas por aluminio, silicio, hidrógeno, oxígeno, y un número variable de moléculas de agua. Según la IMA se aceptan como minerales válidos las siguientes zeolitas:[2]