FANDOM


27 de junio de 2008

  • Barcelona, España:El horno de la Teixonera cierra para convertirse en un restaurante como parte de un proyecto urbanístico del ayuntamiento. Cuando conoció la noticia sus ojos se llenaron de lágrimas. El cierre del último horno de ladrillos de Barcelona implicaba para ella también el fin de una etapa. Ángela García tenía tan solo 8 años cuando, junto con sus padres y sus cinco hermanos, se trasladaron a vivir a unos barracones, en la calle de Arenys en el barrio de la Teixonera, a pocos metros de la fábrica donde su padre trabajaría haciendo ladrillos.
  • La iniciativa suscita los recuerdos de Ángela García, que vivió su infancia en el lugar.

NATALIA SALINAS P. BARCELONA

"En aquellos tiempos la verdad es que éramos muy pobres, veníamos de la posguerra, no había dinero e incluso a veces no teníamos qué comer", recuerda esta mujer de 76 años que añade: "Con mis hermanos nos alimentábamos de los higos de un árbol, y también cogíamos renacuajos de una ribera que había cerca y los asábamos en los hornos de la fábrica. Si teníamos mucha suerte y encontrábamos un gato, eso significaba la cena del día".


Esta carencia económica forma parte del recuerdo más constante de la época de la fábrica de ladrillos, de tal modo que en más de 60 años no ha olvidado cuando recorría los sitios aledaños a la fábrica o el lugar donde se reunía más gente en busca de alguna colilla para dársela a su padre, sin dinero para tabaco.

Moldes de ladrillos La mayor parte de su infancia transcurrió en la bòbila donde ayudaba a su padre a elaborar los moldes para los ladrillos que luego cocían en el horno."Lo que recuerdo perfectamente es que todo el día hacía mucho calor donde estaba el horno", señala. En la fábrica trabajaban unos 40 obreros que, al igual que su padre, iniciaban la jornada de trabajo a partir de las seis de la mañana y la finalizaban cuando oscurecía. Su madre, en tanto, trabajaba en lo que podía en el barrio de Horta para mantener a sus seis hijos.

De aquella época de calor, de ladrillos y de largas jornadas laborales de su padre, recuerda que todos los días se acercaba al Cotolengo del Padre Alegre porque quería realizar su primera comunión, y que pese a que no la admitían por no ser parte de la organización, se las ingeniaba para ser siempre de las primeras cuando comenzaban las clases: "Yo no sabía ni leer ni escribir, pero tenía una memoria superprivilegiada que me permitió aprender todos los rezos rápidamente". El esfuerzo y la constancia de Ángela fue bien visto por una señora que a través de un donativo, y después de una charla con los curas del recinto, logró que pudiera hacer su catequesis junto al resto del curso.

Pero para ella la fábrica también está asociada a momentos durísimos como la pérdida de su hermano de 20 años a causa de un tifus: "Donde vivíamos, no había ni luz ni agua. Con suerte, había un pozo para muchas familias. Le dio esta enfermedad y murió repentinamente", recuerda con emoción.

Al cabo de siete años, la fábrica cerró y, junto con su familia, se trasladó cerca del Clot: "Mi padre y mis hermanos encontraron trabajo en otra empresa donde permanecieron el resto de sus vidas, pero lamentablemente perdimos el contacto con toda la gente que conocimos en la fábrica de ladrillos". En sus 76 años de vida ha pasado varias veces por delante de la fábrica, incluso en compañía de sus hijos que conocen de cerca la historia del abuelo. Pese a ello, Ángela solo pudo entrar una vez porque, según sus propias palabras, "la nostalgia y los recuerdos eran demasiado grandes para poder soportarlos".

Ahora que se ha enterado del nuevo plan urbanístico que transformará la fábrica en un restaurante y también los alrededores para construir pisos sociales, se siente feliz, pues cree que todas las mejoras deben ser bienvenidas: "Me parece muy bien lo que harán, ayudan a personas que lo están pasando mal, pero no puedo evitar emocionarme al recordar el lugar donde pasé mi niñez y los momentos que marcaron mi vida para siempre".

El Periódico

  • De las tejas a las recetas

PERMUTA DE USOS

El horno de la antigua bòbila de la Teixonera seguirá cociendo --de forma metafórica-- aunque cambiará el producto. De los ladrillos y las tejas se pasará a las recetas gastronómicas gracias al proyecto que tiene previsto desarrollar la inmobiliaria Puigfel. La empresa, que construirá varias promociones de viviendas en esta zona del distrito de Horta Guinardó, ha permutado con el ayuntamiento, propietario de la fábrica, el uso de la misma.

REHABILITACIÓN

El acuerdo alcanzado establece que la inmobiliaria se haga cargo de la rehabilitación de la nave, cuya estructura arquitectónica original se conservará en buena parte, para instalar en su interior un restaurante. La disposición interna del horno hacía inviable su conversión en un equipamiento municipal, que se trasladará a la planta baja de un edificio próximo que construirá la promotora Puigfel.


El Periódico

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

También en FANDOM

Wiki al azar